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Fernando Traverso

...puede no haber banderas II
Suplemento de Arte, diario El Ciudadano. Septiembre de 1999.

Por Beatriz Vignoli

Los veintinueve inmensos shablones serigráficos realizados por Fernando Traverso cuelgan del techo como cortinas. Libres de bastidor, flotan como velos. Su autor se refiere a ellos como banderas. Se repite en todos ellos idénticamente la silueta fotograbada de una bicicleta. Medio de transporte de la clase trabajadora, la bicicleta simboliza para Traverso al pasado político de los años setenta. La decisión de reproducirla ahora en matrices y no en estampas es deliberada: hace según el autor, de cada bandera una obra única y no una copia. También está cargado de sentido él numero de banderas: veintinueve, una por cada compañero desaparecido. Brindar esta información al público haría de la instalación un poema épico, o un texto documental; Pero el artista prefiere que este acto restitutivo permanezca oculto en lo privado. Su duelo singular busca resonar universalmente, y así, si algo trata de nombrar Traverso en esta obra, es la ausencia misma.


...puede no haber banderas II
Diario La Capital, Rosario. 13 de septiembre de 1999.

Por Fernando Farina

Traverso presenta un conjunto de lienzos colgados donde la única imagen, que se repite, es una silueta de bicicleta. El artista insiste obsesivamente en llevar al límite el uso de este símbolo, conjugado con una reflexión a través del titulo: ...puede no haber banderas. Y no existe salvación: a las imágenes hay que atravesarlas y a uno lo rozan. La remisión es tanto a la idea de la pieza de trabajo como a cuestiones precisas sobre los compañeros desaparecidos.

... puede no haber banderas II

Alianza Francesa, Buenos Aires. 22 de junio de 2000.

Por Rubén Echagüe (extracto texto catálogo de la muestra)

El artista escoge la demostración por el absurdo, y declara que “... Puede no haber banderas” embanderando el sitio, e instándonos a mantener un intercambio táctil con esos estandartes suyos ... significativamente decolorados.

Es como si el autor hubiese querido esterilizar el campo de sus veintinueve banderas de toda prosopopeya alegórica – veintinueve fueron los desaparecidos a que alude- , antes de imprimir en cada una de ellas la silueta, familiar y amistosa, de una bicicleta: la tangible historia personal en lugar de la “quimera”, en su doble acepción de ilusión y de monstruo, de la historia pública.

Las bicicletas son ya un verdaderos leitmotiv identificatorio en la obra de Traverso, pero así como en sus cajas las prodigaba generosamente, haciéndolas brotar hasta de una vieja canilla de bronce, en su instalación las blanquea, las ordena y yo diría las purifica, hasta llegar a convertirlas en un límpido cántico monocorde, veintinueve veces repetido.

Banderas lavadas por el dolor, sin duda, pero que quizá por esa misma amarga depuración que sufrieron, son ahora capaces de albergar una forma emblemática inédita, más humilde y más buena.

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