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Fernando Traverso

Raquel

Intervención en la Escuela de la Comunidad Toba “Rosa Ziperovich”


Por Fernando Traverso

Lola Rubino, es una mujer de 84 años, sumamente lúcida. Vive en Buenos Aires y pertenece a la Línea Fundadora de Madres de Plaza de Mayo, pero sus hermanas son de Rosario, es por eso que ella estaba aquí, un poco de visita, otro poco porque tenia algo pendiente por hacer.

Ese domingo fui a encontrarme con ella, porque quería proponerme algo y me invito por intermedio de una amiga, a que fuera a su casa (la de su hermana) para que charlemos. Llegué con mi bici y nos sentamos en el patio. Tomamos un café y luego vino otro y mientras tanto un pedazo de historia viva se desentrañaba entre nuestros recuerdos. En los suyos aparecía su hija; en los míos, aquellos hermanos de la vida entre los cuales, aunque no la conocí, estaba también Raquel.

Lola quería homenajear a su hija desaparecida durante la última dictadura militar, por eso fue que eligió para tal fin a la Escuela de la Comunidad Toba “Rosa Ziperovich”. Rosa fue hermana de Lola, en consecuencia, tía de Raquel y dentro de esa escuela hay un aula que lleva su nombre: RAQUEL RUBINO. La propuesta era pintar una bicicleta en dicha aula con la presencia de todos los chicos, maestros y representantes de la Comunidad Aborigen.

Jueves 14 de octubre de 2004, 14 horas.

Osvaldo, un compañero de muchos años, me ayudó a trasladar los elementos para realizar el trabajo llevándome en su camioneta, y además se sumaron cuatro chicas estudiantes de Comunicación Social que estaban haciendo un video documental sobre las bicicletas y querían estar presentes y registrar especialmente ésta que iba a tener un significado muy particular, además entrevistar a Lola, a los miembros del “Concejo de Ancianos”, a los chicos.

Cuando llegamos, la Directora y otros maestros nos acompañaron a que visitáramos las instalaciones de la escuela, sus aulas, la biblioteca, el patio, mostrándonos con orgullo todo eso que evidentemente les costó mucho esfuerzo.

Y llegamos al aula donde íbamos a realizar la acción. Liliana, la directora, me señaló la pared diciéndome: –la pintamos hace unos días, esta lista.
Mientras tanto los alumnos de los primeros grados habían realizado tarjetas con dibujos de bicicletas y nos las dedicaron, y digo nos, porque hicieron dos sobres llenos, uno para Lola y otro para mí.

El corredor y el patio de la escuela estaban repletos de chicos, y el bullicio era tan grande que era imposible hablar o escuchar algo. Es por eso que decidí comenzar a pintar, porque me di cuenta que no hacia falta explicar nada. Primero puse la plantilla sobre la pared y luego cuando hice el primer gesto, la escuela enmudeció, se hizo un silencio tan denso que se podía tocar, solo se escuchaba el ruido del aerosol que iba y venía por la plantilla, largando una nube de pintura negra. Llegó el momento al cual nombro: “mágico”; el de retirar la plantilla de la pared y ver el resultado. A pesar de las miles que ya llevo pintadas, ese gesto me sigue emocionando. Y así sucedió. Todo el silencio se convirtió en aplauso y hubo mucha emoción. Recuerdo la mirada de Lola sobre la mía.
Y la bicicleta vacía.

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Rosario 12 , octubre de 2004.

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