Jueves 14 de octubre de 2004, 14 horas.
Osvaldo, un compañero de muchos años, me
ayudó a trasladar los elementos para realizar el trabajo
llevándome en su camioneta, y además se sumaron
cuatro chicas estudiantes de Comunicación Social que estaban
haciendo un video documental sobre las bicicletas y querían
estar presentes y registrar especialmente ésta que iba
a tener un significado muy particular, además entrevistar
a Lola, a los miembros del “Concejo de Ancianos”,
a los chicos.
Cuando llegamos, la Directora y otros maestros nos acompañaron
a que visitáramos las instalaciones de la escuela, sus
aulas, la biblioteca, el patio, mostrándonos con orgullo
todo eso que evidentemente les costó mucho esfuerzo.
Y llegamos al aula donde íbamos a realizar la acción.
Liliana, la directora, me señaló la pared diciéndome:
–la pintamos hace unos días, esta lista.
Mientras tanto los alumnos de los primeros grados habían
realizado tarjetas con dibujos de bicicletas y nos las dedicaron,
y digo nos, porque hicieron dos sobres llenos, uno para Lola y
otro para mí.
El corredor y el patio de la escuela estaban repletos de chicos,
y el bullicio era tan grande que era imposible hablar o escuchar
algo. Es por eso que decidí comenzar a pintar, porque me
di cuenta que no hacia falta explicar nada. Primero puse la plantilla
sobre la pared y luego cuando hice el primer gesto, la escuela
enmudeció, se hizo un silencio tan denso que se podía
tocar, solo se escuchaba el ruido del aerosol que iba y venía
por la plantilla, largando una nube de pintura negra. Llegó
el momento al cual nombro: “mágico”; el de
retirar la plantilla de la pared y ver el resultado. A pesar de
las miles que ya llevo pintadas, ese gesto me sigue emocionando.
Y así sucedió. Todo el silencio se convirtió
en aplauso y hubo mucha emoción. Recuerdo la mirada de
Lola sobre la mía.
Y la bicicleta vacía.
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Rosario 12 , octubre de 2004.