La sala que me brindaron en el Museo para realizar esta “muestra”,
estaba vacía, solo en una de sus paredes coloqué
en forma perfectamente regular 350 fotos pequeñas, una
al lado de la otra formando un rectángulo de 5 metros de
largo por 2 metros de alto. Al acercarnos para distinguir lo que
contiene esa especie de damero, vemos en detalle que ahí
esta el registro de las 350 paredes de Rosario intervenidas, podemos
ver en una de las fotografias a la bicicleta numero 001/350 que
fue realizada en la madrugada del 24 de marzo de 2001, en la esquina
del Pje. Monroe y Ovidio Lagos, hasta la numero 350/350 que realicé
el 13 de abril de 2004 en la esquina de Tte Agneta y Mendoza.
Hay algunas que son mas emblemáticas que otras, por ejemplo
las que responden a la memoria colectiva como las colocadas sobre
algún edificio que fue un ex centro clandestino de detención
y tortura, o sobre alguna fabrica abandonada y hay otras que solo
responden a algún hecho individual, o simplemente sirvieron
para guiñarle un ojo a ese amigo en su recorrido diario.
Cuando unos días atrás llegué al Museo con
todos los elementos para trabajar, los guardias y el personal
administrativo del mismo, no entendían nada, pensaban que
me estaba mudando o que me habia equivocado de lugar, veia sus
caras sorprendidas cuando vieron que el flete no estaba cargado
con “objetos de arte”. La explanada comenzó
a poblarse de herramientas de trabajo, como ser un compresor electrico,
litros y litros de pintura negra ya diluida para ser utilizada
con el soplete, el soporte donde primero colocaria la tela, después
la plantilla con la silueta de la bici, metros de cable para traer
energia desde el interior, y cientos de utensillos necesarios
para que la propuesta no tuviera ningún desacierto y que
todo resultara medianamente como lo habia planeado.
La primera bandera, recuerdo fue una sabana blanca de algodón
muy pesada, tenia bordado uno de sus lados y la dueña me
contó que era de su abuela y que ese bordado estaba hecho
a mano, otro trajo un poncho de vicuña que también
guardaba una historia, aparecieron también las banderas
de clubes de futbol, hubo un par de banderas argentinas (que mas
tarde, me contaron, fue colocada en el balcón para una
fiesta patria). Un amigo llevó una tela roja y me confesó
que la dejaria en el santuario del gauchito Gil a modo de ofrenda
(una foto que me envió hace unos días me lo comprobó).
Al día siguiente la tarea fue montar todas esas banderas,
el primer día recuerdo fueron alrededor de 50, que empezaron
a poblar el espacio, (por suerte era grande), decidí colgarlas
por orden de llegada, y eso hizo que la estetica fuera azarosa
y que justamente por eso se enriqueciera ya que no podia pasar
desapercibido que esa era una obra fresca y que se estaba construyendo
y que lo importante de ella no era su belleza (aunque lo fue).
Dentro del recinto tenia una escalera que era con la que realizaba
el montaje, esa escalera quedaba ahí como dándonos
la señal de que al otro día continuaria el trabajo.
Fue maravilloso ver como día a día se iban poblando
las paredes, y el temor a no llenar el espacio se convirtió
en el temor a la falta de él. Tuve que encimarlas, pero
eso después me favoreció, porque la noche del cierre
de la muestra, la propuesta era que la gente viniera a llevarse
su bandera, y el que estuvieran mezcladas hizo que ellos comenzaran
a buscarlas, generando un momento mágico, porque todo se
empezó a mover. Las telas estaban enganchadas por un pequeño
broche, por eso cuando alguien encontraba su bandera, tiraba un
poco de ella y ésta caía en sus manos. Muy lejos
de lo que significan por lo general los cierres, éste realmente
fue una fiesta.
Me llegó la primera foto
A cada uno de los participantes les entregué una
pequeña esquela comentándoles mi inquietud sobre
el destino de estas “banderas” que de cierta forma
siento mías, por eso les pedí a todos que me enviaran
una fotografía de ellas, en el lugar donde estén,
para así poder contar algún día quienes les
dieron cobijo.
Una tarde tocan el timbre de mi casa , atiendo y es un señor
que me extiende un sobre cerrado y me dice -aquí tiene
su pedido, le traigo la foto de nuestra bandera- Oscar, es decorador
de vidrieras, y esta colocando la bici entre los maniquies y las
zapatillas, dándole un aire puro e ingenuo... Ver
fotos enviadas
Textos sobre no hagan bandera:
Texto del catálogo
Por
Nancy Rojas, 13 de abril de 2004.
Sutil evocación
de ausencia
Por
Ivana Romero, para El Ciudadano 3 de mayo de
2004.