La bicicleta como él vehiculo transportador de la
memoria
Diario Rosario/12, martes 13 de julio de l999.
Por
Fernanda González Cortiñas
Trece cajas de metal se rellenan de significado, con retazos
de recuerdos, en una concepción emparentada con el arte
político.
"Me cuidaste,/ seguiste de largo./ Dos cuadras mas
adelante/ tu bicicleta atada a un viejo árbol/ debajo del
asiento/ se asomaba una bandera/ -puede no haber banderas –pensé.”
De nuevo como una marca en el orillo, Fernando Traverso (1951)
vuelve a colocar su desvencijado rodado a la entrada de su nueva
muestra. Como una prenda, una seña, un tótem que
vigila la sala..., de nuevo la bicicleta. Igual que en Vientre
urbano, su anterior exposición, realizada hace poco más
de un año en la Biblioteca Argentina. Pero lo que entonces
era apenas un asterisco, un llamado al pie, en... puede no haber
banderas, ahora es el motivo.
Símbolo de un pasado de militancia estudiantil, la bicicleta,
con sus partes oxidadas por largas intemperies e inevitables abandonos,
resistiendo el paso del tiempo como un estandarte de principios.
Con las ruedas gastadas de transitar, algunas buenas, otras no
tanto, la bicicleta se yergue como un bastión de viejas
consignas.
Sin pretensiones de reconstrucciones históricas, la bicicleta
aparece como el vehículo transportador de la memoria. Así,
recorre el asfalto caliente, marcado por las gomas de millones
de otras bicicletas, las calles empapeladas de afiches, envueltas
en pasacalles proselitistas; húmedas de lluvia, de llantos.
Yirando, yirando, traza caminos posibles, dibuja mapas, reales
o imaginarios, terrestres o subterráneos.
En su constante homenaje a la memoria como espina dorsal de lo
cotidiano, Traverso decide reflejarlo en un conjunto de modernos
retablos. Trece cajas de metal se rellenan de significado con
pequeños retazos de recuerdos, propios, y luego por extensión,
colectivos, en una concepción emparentada con el arte político.
Pero no tanto el arte político de la década del
70, el arte denuncia de Tucumán Arde, que no hacía
otra cosa que plasmar la euforia emanada de las utopías
revolucionarias. Este nuevo arte político, que no tiene
tanto que ver con lo doctrinario como con lo vinculado a la polis,
con la acepción que liga el término a lo urbano.
Político y no politizado, porque es comprometido, porque
responsabiliza a la globalización de ser el proceso desintegrador
de identidades culturales, porque delata los mecanismos perversos
de decoloración y mimesis partidaria, porque desnuda las
estrategias de desarticulación de la red social. Entonces,
en este marco, en esta realidad... puede no haber banderas, y
sin embargo hay que pelearla igual.
Traverso emigra desde la pintura y la tela, y toma ahora la idea
y la técnica de imprimir, imprimir e imprimir, sobre cualquier
superficie. La cosa es cubrirlo todo de sentido, que no quede
ni un espacio vacío para el olvido.
“...-puede no haber banderas – pensé/
seguro que la enarbolaste/ antes de tocar el agua, / o la llevaste
a otras tierras/ y de tanto en tanto la desempolvás./ o
la encontró tu vieja/ y se fue de ronda con ella.”