| “029/350
...puede no haber banderas” Otra
vez, las bicicletas de Traverso reaparecieron en la ciudad. Llegaron
a nuestro encuentro una vez más para volver a recordarnos
que no debemos olvidar.
Las voces de los que ya no están montaron
ese día sus bicis, vehículo-nexo entre pasado y presente,
para re-nacer en ese momento. Pero en esta oportunidad no solo regresaron
para habitar nuestra memoria sino para invitarnos a dejar de ser
simples espectadores y convertirnos en partícipes activos
de la obra, al portar las inmensas bicicletas serigrafiadas a modo
de pancartas y asumir el papel de representantes de cada uno de
los ausentes.
“029/350 ...puede no haber banderas”
es el título de este acontecimiento... 29 estampas de una
serie de 350 ..., 29 banderas, 29 bicicletas, 29 conocidos del autor,
29 desaparecidos de una cantidad de 350...
Tanto el nombre de la obra como la típica seriación
utilizada en la técnica elegida por Traverso constituyen
una perfecta metáfora de este hecho.
En este acto de reivindicación todos juntos
levantaron las voces de aquellos que alguna vez unos cuantos quisieron
acallar, para marchar, de ese modo, hacia el sitio donde, finalmente,
aquellos estandartes descansarían sobre los muros interiores
elegidos por el público.
Pero los muros no se hallaban vacíos a la
llegada de las banderas ... albergaban una serie de fotografías
instantáneas que registraban la peregrinación hacia
la sala de la muestra, como un intento de congelar un instante,
haciendo caso a esa especie de mandato sintetizado en la frase:
no hay que borrar las marcas del pasado.
Este hecho hoy constata que actualidad, simultaneidad
y espontaneidad constituyen ingredientes que Traverso reelabora
en su obra, en una época donde la realidad que se muestra
es el resultado de un entrecruzamiento entre pasado y presente,
entre recuerdo y olvido.
... y, aunque esto parezca un juego de palabras, el autor reafirma
esta posibilidad de convivencia de estas relaciones dialécticas
en el evento organizado.
La puesta en escena del artista no hubiese podido
realizarse sin la participación de los espectadores, quienes
llegan a convertirse en co-productores y protagonistas de ese acto.
Pero a pesar de que sin multitud no hubiese existido la obra, tampoco
sin participantes habrían podido manifestarse los ausentes;
esos ciclistas que buscan a través de Fernando y de todos
nosotros, tener un lugar en los intersticios de nuestras mentes.
¿Para qué? ... quizás para que el recuerdo
siga vivo en la memoria colectiva.
Por eso es que, de vez en cuando, las bicis sobrevuelan la ciudad
para darnos una señal de que aún continúan
y continuarán existiendo.
La obra de Fernando Traverso es rizomática,
no se construye de una vez para siempre sino que está en
permanente proceso de transformación y formación.
En ella convergen diversos agenciamientos políticos, culturales,
sociales, simbólicos e individuales, que han de establecer
las morfologías de la obra, generando desplazamientos y movimientos
del sentido. Al mismo tiempo, el espectador como intérprete
no permanece ajeno a su forma sino que es un elemento más
dentro de la obra que se presenta como suceso, como acontecimiento.
Este evento es el producto de una oscilación en la cual se
manifiestan los conceptos de ocultamiento y desocultamiento.
A través de la utilización de un primer símbolo,
la bicicleta, se marca un espacio, el de la memoria, el de una memoria
que va a cuestionar la presencia-ausencia. Es allí, en este
ícono, donde se promueve el desocultamiento del mundo como
un todo significativo y el ocultamiento, donde la obra se retrae:
en los recuerdos, el pasado, las vivencias. En este continuo devenir,
este fondo oscuro nunca es manifestado plenamente como forma acabada.
En cada una de estas acciones, el ocultamiento y el desocultamiento
se confunden al articularse recíprocamente.
Por medio de su producción, el artista nos ofrece, ser partícipes
de esta continua significación dada por la experiencia estética,
que produce un permanente movimiento.
Progresivamente el símbolo se va instalando en la ciudad
para modificar su sentido, ocupando otros espacios que ya no son
solos los del recuerdo, sino aquellos más íntimos
y próximos a nuestra historia.
Traverso interviene las paredes. Se apropia de ellas y se autodestruye.
Aún así, y a pesar de causar su propia muerte, la
muerte del autor, no termina destruyendo el lenguaje. Por el contrario,
el signo queda allí para sobrevivir a los cambios impuestos
por las miradas.
Los surrealistas, decía Barthes, postularon la muerte del
autor pero quisieron romper con las reglas del lenguaje. Traverso
con su gesto, las transgrede, pero las retoma.
La bicicleta es expuesta a través de un medio de protesta:
el graffitti; que es resignificado, es el sostén de una paráfrasis;
una metáfora de una existencia que pervive en el recuerdo
para elaborar el presente desde el pasado y así mismo, desde
el futuro.
Estas imágenes se han instalado en los muros de la ciudad,
en el límite más exterior de la línea de edificación
urbana y con ella, ha intervenido el espacio, trazando una huella
que interroga la existencia urbana de cada paseante. Para algunos
puede ser lo desconocido o aquello que habrá que descubrir;
para otros son íconos de un pasado que se hace presente.
De este modo, la ciudad comienza a dialogar de forma activa con
sus ocupantes.
Este símbolo no solo se instala en este diálogo, sigue
su trayecto y abre nuevos caminos hasta ocupar un espacio público
en el interior de la ciudad.
“...puede no haber banderas”, es un evento en donde,
justamente, la bicicleta de la calle dialoga con las que se hallan
impresas en las banderas. Son ahora los transeúntes los que
han intervenido el ritmo urbano; han vuelto a significar y resignificar
su presencia, instalando una futura memoria. Y en efecto, ya no
es Traverso quien performa, construye mientras dice, sino que es
la propia bicicleta que, a través de cada mirada, elabora
infinitas historias.
Y una vez más, el registro fotográfico
sobre el final de este acontecimiento, el escrito y las banderas
apoyadas arbitrariamente sobre las paredes de un espacio interno,
ponen en juego aquella referencia hacia algo que ha sucedido; trayendo
consigo diversas connotaciones y experiencias que se generan y regeneran
a partir de la mirada de estos otros paseantes que deambulan por
el espacio de la muestra.
Nadia Insaurralde, Yanina
Bossus, Laura Capdevila y Nancy
Rojas- (FA) ²
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