Marita Prieto
Fotografías
Por
Carlos Coca
Cuando un fotógrafo evita prolijamente encuadrar la realidad
y dirige su cámara hacia engañosas formas surgidas
de reflexiones podemos sospechar una búsqueda que trasciende
la mera intención de capturar un instante del mundo real.
El trabajo sobre superficies reflectantes es, en un primer término,
búsqueda, investigación a tientas. Las imágenes
reflejadas se deforman, se repliegan como superficies que mienten
ser aquello que reflejan. Y hay en ellas una invitación a
investigar la esencia del yo, es una estrategia del artista para
enfrentarse a sí mismo.
Tanto en
“El
Atlante”, obra en que la artista usa un modelo
reflejado en una elusiva superficie líquida, como en
“Ciudad”,
donde mira la arquitectura urbana desde sus destellos en ventanales
vidriados, en los que encontraremos a la fotógrafa en la
imagen, descubriremos, en primer término, un reflejo del
yo. Más allá de mostrar una reproducción ilusoria
de la figura humana (ya que toda representación lo es), hay
una transubstanciación del yo en el reflejo tan profunda
que incluso la energía de la figura reflejada llega a aparecer
con más realidad que la figura real de la cual deriva, de
una realidad que no habíamos advertido con la mirada habitual
y que sólo el reflejo nos revela.
Encontramos aquí la original función de la fotografía
como alquimia productora de revelaciones: el hallazgo de una imagen
más verdadera que la realidad que está del otro lado
de la foto.
El reflejo tiene un tentador significado: conocer de una manera
cabal al mundo, es decir a nosotros mismos. El objetivo de la cámara
se transforma en algo más que un delimitador del encuadre
y un organizador de los materiales plásticos que ingresarán
a la foto: es una ventana de revelaciones, un umbral entre el mundo
real y el mundo de la representación donde la imagen trastabilla,
se invierte, se desintegra y se vuelve a fusionar.
Se atraviesa el reflejo para ingresar a un mundo confuso y extraño,
que sin embargo ya formaba parte del universo pero que habitualmente
no vemos, cegados por la representación directa de la realidad.
Las fotografías de MP nos llevan a atravesar ese umbral,
a internarnos en un mundo insólito, deformado y absurdo el
que sin embargo nos resulta curiosamente familiar.