©2004 En Trámite › En la calle › Página 3 ›
Por María Cristina Pérez, María Claudia Mingiaca
Unidad académica: Escuela de Bellas Artes, Facultad de Humanidades y Artes, Rosario

Primeras Jornadas de Estudios sobre Rosario y su Región. Viejos problemas, nuevas perspectivas.

La obra, provocó un shock en los transeúntes, sacudió las experiencias accesibles que transitan alienadas, como cantos pulidos, rodando por la historia (¿del arte?).

La obra pudo así estructurar lo inestructurado, hablar en su lugar y violentarlo.

Para Adorno : “El momento histórico es constitutivo de las obras de arte. Son auténticas aquellas que, sin reticencias y sin creerse que están sobre él, cargan con el contenido histórico de su tiempo”. Y es ahí donde “Descongesta”, se convierte en mediación de ese conocimiento, a través de la tensión, haciéndose inconmensurable al historicismo que la reduciría.

Clarificar los conceptos de participación y distanciamiento (RICOEUR: 1994), resulta la clave para poder tender redes de interpretación, útiles para abordar algunas cuestiones en esta propuesta artística. Creer que todo distanciamiento es alienante, es olvidar que “...la conciencia de la eficacia histórica contiene el momento de la distancia. La historia de los efectos es precisamente lo que ocurre bajo la condición de la distancia histórica, lo cual hace lo distante cercano. Sin la tensión entre el yo y el otro no hay conciencia histórica” . En la fusión de horizontes, es donde dialogan el presente y el pasado, lo cercano y lo lejano, el transeúnte-espectador de la obra y lo evocado en la distancia histórica. La tensión entre yo (como sujeto-actor social del presente) y el otro (sujeto-actor del pasado y probable desaparecido), se consuma en el horizonte distante que pudo ser expandido por la comunicación entre dos conciencias en el horizonte distante y abierto.

Los diferentes emplazamientos que tuvo la obra, propician, citando a Eco : “la deriva hermenéutica que conlleva la habilidad incontrolable de deslizarse de significado en significado, de semejante en semejante, de una conexión a otra”. Así por las referencias recíprocas, el sujeto ocupante del no-lugar, pasajero-consumidor, experimenta la obra de diversos modos, estableciendo disímiles connotaciones, según el emplazamiento.

Las instalaciones se desarrollaron según esta secuencia:

- “Descongesta”, 24 de marzo de 2000, Plaza San Martín, Rosario, 20 hs.
- “En la puta calle”, junio de 2000, Colegio Leloir, zona centro, Rosario.
- “En la puta calle”, agosto de 2000, Colegio Martín Fierro, zona norte, Rosario.
- “En la puta calle”, octubre de 2000, plaza seca de ingreso al Museo Municipal de Bellas Artes “Juan B. Castagnino”, zona Parque Independencia, Rosario.

El título varió, tuvo un proceso, dejó de referir directamente a la gesta heroica política, para ahondar en la incertidumbre del cotidiano vivir. La locución fraseológica “en la puta calle”, recoge, de la jerga popular, la expresión del que tiene que luchar día a día con la vida y sus injusticias. Marca la localización topológica de los caminos urbanos del dolor y la miseria diaria en su perduración temporal. En cambio, “Descongesta”, se fundaba en el concepto de epopeya heroica de la activación de la memoria, propiciada por la descomposición política. El héroe no estaba encarnado por la individuación: ni Ulises, ni el Cid Campeador, ni San Martín; los héroes eran los actores sociales surgidos del anonimato y multiplicados en la proyección social de la propuesta.

Esta obra efímera y mutante del arte contemporáneo, desafía al espectador a subirse a la barca de las interpretaciones y deslizarse en diversos sentidos, con el peligro de caer, atrapados en la consolidación y afirmación del mercado artístico, que “necesita” continuamente de un “arte trasgresor”, o de avanzar en la construcción de la contramemoria.

La composición dominada por el número 11, que como número impar, se aleja de la perfección del 10 y elude lo apostólico y profético del 12. Tres palos recomponen la pirámide virtual de base triangular, connotando la estructura más resistente a las deformaciones. El tercer elemento modifica lo binario y le da equilibrio dinámico.

La conjugación de elementos hace posible el trípode que permite sostener la memoria congelada y la erosión de la temperatura y el paso del tiempo, agregan la descongelación. Estas lecturas, hechas desde la crítica del arte, no siempre coinciden con las hechas por los transeúntes, que sorpresivamente, encontraron su andar perturbado por la presencia de la obra. El lector-modelo fue mutando; de la mirada del militante, durante el acto político, a la del adolescente, disfrutando de su recreo escolar o a la del paseante, recorriendo el parque.

Para instalar la obra frente al museo, los artistas debieron sortear la fase de selección de propuestas ante un jurado (ya que se trataba de un salón). ¿Estar en el museo, es legitimar una obra que nació como propuesta política y de intervención urbana? ¿Se de-semantiza la obra al entrar en el circuito museístico? El riesgo cava una fosa y en el borde de esa barranca del ser y el no-ser, se carga de significados nuevos, gana en hermetismo y sigue siendo de ruptura y altamente contestataria.

www.grupoentramite.com.ar


webmaster@grupoentramite.com.ar